Anna Bigas y el reto de crear células madre sanguíneas

Anna Bigas, investigadora del Hospital del Mar, habla sobre cómo los tumores aprenden de las células madre en este podcast.

Escrito por

César Prieto

Publicado el

15 oct 2026

Índice

Cuando una leucemia o un trastorno de la sangre obliga a buscar un trasplante, la pregunta decisiva no es solo qué células utilizar, sino cómo producirlas y mantenerlas funcionales. La trayectoria de Anna Bigas se sitúa precisamente en ese punto: estudia las células madre hematopoyéticas, las señales genéticas que regulan su destino y los mecanismos que pueden conducir a una leucemia. También explico qué aportan sus investigaciones, qué aplicaciones médicas se perfilan y qué límites siguen existiendo.

Una trayectoria centrada en fabricar y proteger las células madre de la sangre

  • Especialidad: hematopoyesis, células madre sanguíneas y cáncer.
  • Formación: doctora en Biología Celular por la Universidad de Barcelona y antigua investigadora posdoctoral en Seattle.
  • Vías estudiadas: Notch, Wnt e IκBα, señales que influyen en la diferenciación y el mantenimiento celular.
  • Aplicación potencial: generar células madre hematopoyéticas en el laboratorio para trasplantes y terapias avanzadas.
  • Límite actual: producir una célula madre sanguínea humana plenamente funcional y segura sigue siendo un reto científico.

Anna Bigas sonríe con un pañuelo de lunares.

Quién es y dónde desarrolla su trabajo

Anna Bigas Salvans es una investigadora española especializada en biología celular, hematopoyesis y oncología. Se doctoró en Biología Celular por la Universidad de Barcelona en 1993 y amplió su formación en el Fred Hutchinson Cancer Research Center de Seattle entre 1993 y 1997.

Durante esa etapa posdoctoral participó en trabajos pioneros sobre la vía de señalización Notch, un sistema de comunicación molecular que ayuda a decidir si una célula madre permanece inmadura o inicia un proceso de diferenciación. Más tarde consolidó su propio grupo de investigación en Barcelona y desarrolló una trayectoria vinculada al Instituto de Investigación del Hospital del Mar y al Instituto de Investigación contra la Leucemia Josep Carreras.

Yo la situaría entre las figuras españolas que han conectado de forma especialmente clara la genética del desarrollo con la investigación del cáncer. Su trabajo no se limita a describir células, sino que intenta entender qué instrucciones moleculares las mantienen sanas y qué ocurre cuando esas instrucciones se alteran.

Qué significa estudiar la hematopoyesis

La hematopoyesis es el proceso mediante el cual el organismo produce glóbulos rojos, plaquetas y células del sistema inmunitario. En la edad adulta ocurre principalmente en la médula ósea y depende de un pequeño grupo de células madre capaces de renovarse y generar distintos tipos de células sanguíneas.

El problema es que esa capacidad tiene que estar muy bien equilibrada. Si la célula madre se diferencia demasiado pronto, se pierde el reservorio necesario para mantener la sangre durante toda la vida. Si permanece inmadura cuando no debe o adquiere alteraciones genéticas, puede contribuir al desarrollo de una enfermedad como la leucemia.

En sus investigaciones, el interés se concentra en varias fases delicadas. Primero, cómo aparece la célula madre hematopoyética durante el desarrollo embrionario. Después, cómo conserva su capacidad de renovación y, finalmente, cómo determinados cambios en las señales celulares pueden favorecer la transformación leucémica.

Lee también: Watson y Crick: la doble hélice y su legado en la genética

Notch y Wnt como sistemas de decisión

Las vías Notch y Wnt no son genes aislados que funcionen como simples interruptores. Son redes de señales que reciben información del entorno y modifican el comportamiento de la célula. En modelos experimentales, el equipo de Bigas ha estudiado cómo ambas vías participan en la generación y el mantenimiento de las células madre hematopoyéticas.

Esta precisión es importante porque bloquear una señal por completo no siempre produce el resultado esperado. En biología, la cantidad, el momento y el lugar donde actúa una proteína pueden ser tan relevantes como su presencia. Esa es una de las ideas que más me interesa de esta línea de trabajo.

Sus aportaciones más relevantes para la genética y el cáncer

Uno de los ejes de su carrera ha sido identificar los mecanismos que regulan el compromiso, la renovación y la diferenciación de las células madre. Estos conceptos permiten explicar por qué una célula conserva su potencial durante años o, por el contrario, adopta rápidamente una identidad concreta.

Su grupo también ha investigado la relación entre Notch, Wnt y distintos tipos de leucemia, incluida la leucemia linfoblástica aguda de células T. La utilidad de estos estudios no consiste en convertir automáticamente una señal molecular en un medicamento, sino en localizar vulnerabilidades biológicas que podrían orientar futuras estrategias terapéuticas.

En 2024, un trabajo liderado por su equipo describió el papel de la proteína IκBα en la diferenciación de las células madre hematopoyéticas. Cuando falta esta proteína, las células pueden entrar en un estado de quiescencia, es decir, una fase de reposo en la que conservan su potencial sin diferenciarse de inmediato.

Ese hallazgo abre una posibilidad interesante. Si se logra controlar de manera segura ese estado, podría ser más fácil conservar células madre producidas en el laboratorio antes de utilizarlas en investigación o en terapias celulares. Conviene ser prudentes, porque entre una observación experimental y un tratamiento aprobado hay que superar pruebas de eficacia, seguridad, estabilidad genética y capacidad de integración en el organismo.

Por qué generar células madre sanguíneas en el laboratorio es tan difícil

Los trasplantes hematopoyéticos ya utilizan células madre de donantes, pero dependen de la disponibilidad de material compatible y de una selección clínica muy exigente. Fabricar células equivalentes en el laboratorio permitiría ampliar las opciones para pacientes que no encuentran un donante adecuado, aunque el reto técnico es considerable.

El proyecto europeo MakingBlood, coordinado desde Barcelona y dotado con cerca de 10 millones de euros, busca reproducir en el laboratorio los pasos naturales mediante los que se originan las células madre de la sangre. La iniciativa reúne equipos de varios países europeos y trabaja con protocolos de desarrollo embrionario, cultivos celulares y sistemas experimentales avanzados.

Para que una célula fabricada sea realmente útil no basta con que tenga marcadores similares a los de una célula madre hematopoyética. Debe autorrenovarse durante largo tiempo, producir las distintas líneas sanguíneas, responder adecuadamente a las señales del organismo y no generar tumores o alteraciones peligrosas.

Objetivo Qué debe demostrarse Principal dificultad
Generar células madre hematopoyéticas Que tengan una identidad y función auténticas Imitar el entorno embrionario y medular
Usarlas en trasplantes Que se integren y repueblen la médula ósea Garantizar eficacia y seguridad a largo plazo
Aplicarlas a terapia génica Que toleren la modificación genética Evitar efectos fuera del objetivo y células anómalas

Por eso, a mi juicio, la promesa más realista no es hablar de una cura inmediata, sino de una plataforma de investigación y medicina personalizada. El conocimiento acumulado puede ayudar a comparar células sanas y leucémicas, probar tratamientos y diseñar terapias más ajustadas a cada enfermedad.

Qué queda por resolver antes de una aplicación clínica amplia

La investigación de células madre hematopoyéticas se enfrenta a una dificultad central: las células generadas a partir de células pluripotentes suelen parecerse a las embrionarias, pero no siempre alcanzan todas las propiedades de las células madre adultas. Una apariencia correcta al microscopio no garantiza un comportamiento funcional completo.

También hay que controlar la heterogeneidad celular. Un cultivo puede contener células con estados diferentes, algunas útiles y otras potencialmente peligrosas. Antes de trasladar un producto a pacientes se necesitan métodos reproducibles de fabricación, controles de calidad estrictos y seguimiento prolongado.

Otro límite es que gran parte del conocimiento procede de modelos animales o de sistemas celulares simplificados. Estos modelos son indispensables para descubrir mecanismos, pero no reproducen por completo la complejidad de la médula ósea humana. La prudencia aquí no frena la innovación, sino que evita presentar como terapia lo que todavía es una hipótesis experimental.

Su incorporación como editora asociada de la revista Development también refleja el reconocimiento de su experiencia en desarrollo embrionario, células madre hematopoyéticas y enfermedades de la sangre. Ese papel tiene una relevancia menos visible para el público, pero ayuda a mantener estándares de calidad en la publicación y evaluación de nuevos resultados.

La idea que conviene conservar sobre su trayectoria

La importancia de esta investigadora no se resume en una sola proteína ni en una promesa tecnológica. Su aportación está en haber estudiado, durante décadas, cómo las señales genéticas organizan la producción de sangre y cómo ese equilibrio puede romperse en el cáncer.

Para mí, el valor de su trabajo está precisamente en unir tres preguntas que a menudo se presentan por separado: cómo nace una célula madre, cómo se mantiene sana y cómo puede convertirse en el origen de una leucemia. Resolver esa cadena completa será esencial para avanzar hacia trasplantes más accesibles y terapias celulares realmente seguras.

Este artículo tiene un carácter exclusivamente informativo y educativo. El material se ha elaborado con el apoyo de modernas herramientas analíticas y lingüísticas (IA). Antes de tomar una decisión, consulta a un experto.

Preguntas frecuentes

Investiga cómo se generan, mantienen y diferencian las células madre de la sangre, además de los cambios que pueden favorecer la transformación leucémica. Su trabajo analiza señales como Notch, Wnt e IκBα.

No basta con obtener células con marcadores similares. Deben autorrenovarse durante largo tiempo, producir las distintas líneas sanguíneas, responder a las señales del organismo e integrarse en la médula ósea sin generar tumores ni alteraciones peligrosas.

Las células producidas en el laboratorio podrían ampliar las opciones para pacientes sin un donante compatible y servir como plataforma para estudiar la leucemia, probar tratamientos y desarrollar terapias celulares o génicas más personalizadas.

Según el artículo, cuando falta IκBα, estas células pueden entrar en un estado de quiescencia, una fase de reposo en la que conservan su potencial sin diferenciarse de inmediato. Controlar ese estado podría ayudar a conservar células producidas en el laboratorio, aunque todavía deben demostrarse su seguridad y eficacia.

Calificar artículo

Calificación: 0.00 Número de votos: 0

Etiquetas:

leucemia terapia génica hematopoyesis células madre notch

Compartir artículo

César Prieto

César Prieto

Soy César Prieto, y tengo 3 años de experiencia en el fascinante mundo de la genética, la medicina personalizada y la bioética. Mi interés por estos temas surgió al darme cuenta de cómo la ciencia puede transformar vidas a través de tratamientos adaptados a las necesidades individuales de cada persona. Me apasiona explicar conceptos complejos de manera sencilla, ayudando a los lectores a comprender los avances en estos campos y sus implicaciones éticas. A lo largo de mi trayectoria, he trabajado en la investigación y análisis de información relevante, siempre con un compromiso firme de ofrecer contenido útil, preciso y actualizado. Me dedico a seguir las tendencias actuales y a organizar el conocimiento de forma clara, lo que me permite abordar temas como la edición genética, la personalización de tratamientos médicos y los dilemas éticos que surgen en este ámbito. Mi objetivo es contribuir a un entendimiento más profundo de cómo la genética y la bioética afectan nuestra vida cotidiana.

Escribe un comentario