Cuando un niño se parece mucho a su madre, a su padre o a una mezcla inesperada de ambos, surge una duda muy común: qué se hereda del padre y de la madre y qué depende del entorno. La respuesta no es una lista fija de rasgos, sino una combinación de cromosomas, variantes genéticas y factores ambientales. Aquí explico cómo se reparte el ADN, qué características pueden transmitirse y por qué una predisposición genética nunca equivale a un destino inevitable.
La herencia combina dos genomas y muchas influencias
- 23 cromosomas proceden del óvulo y otros 23 del espermatozoide.
- La mitad del ADN nuclear procede de cada progenitor, aproximadamente.
- El ADN mitocondrial se transmite casi siempre por vía materna.
- La estatura, el color de ojos y la piel dependen de muchos genes y del ambiente.
- Las enfermedades hereditarias pueden seguir patrones dominantes, recesivos, ligados al sexo o mitocondriales.
- Heredar una variante no significa necesariamente desarrollar una enfermedad.
La respuesta corta es que recibimos una combinación de ambos
En la mayoría de las células humanas hay 46 cromosomas organizados en 23 pares. Un cromosoma de cada par procede de la madre biológica y el otro del padre biológico, por lo que el genoma nuclear combina información de ambos.
El óvulo aporta 22 autosomas y un cromosoma X. El espermatozoide aporta otros 22 autosomas y puede llevar un cromosoma X o un cromosoma Y. Al producirse la fecundación, se forma una nueva combinación genética que no es una copia exacta de ninguno de los progenitores.
| Parte del material genético | Aporte materno | Aporte paterno |
|---|---|---|
| 22 pares de autosomas | Una copia de cada par | Una copia de cada par |
| Cromosomas sexuales | Siempre aporta un cromosoma X | Aporta un cromosoma X o Y |
| ADN mitocondrial | Se transmite prácticamente todo | No suele transmitirse a la descendencia |
Durante la formación de óvulos y espermatozoides ocurre la recombinación genética, un intercambio de fragmentos entre cromosomas. Por eso dos hermanos pueden compartir los mismos padres y, aun así, tener combinaciones distintas de rasgos, salvo en el caso de los gemelos idénticos.
Cuando explico este punto, suelo insistir en una idea sencilla: no heredamos “la nariz del padre” o “la inteligencia de la madre” como si cada característica tuviera un único origen. Heredamos variantes de muchos genes que después interactúan entre sí y con la vida que llevamos.

Qué rasgos puede aportar cada progenitor
La herencia influye en rasgos visibles y en procesos internos del organismo. Puede afectar a la estatura, el color de ojos, la textura del cabello, el grupo sanguíneo y la pigmentación, pero también al metabolismo, a la respuesta frente a ciertos medicamentos y a la predisposición a algunas enfermedades.
La mayoría de estas características no dependen de un solo gen. La estatura, por ejemplo, está relacionada con muchas variantes genéticas, además de la nutrición, el sueño, las hormonas y la salud durante el desarrollo. Por eso un hijo puede ser más alto o más bajo que sus padres sin que exista ninguna contradicción genética.
| Rasgo o condición | Cómo suele heredarse | Qué conviene interpretar |
|---|---|---|
| Grupo sanguíneo | Combinación de variantes heredadas | Algunas variantes pueden expresarse juntas, como ocurre en el grupo AB. |
| Estatura | Rasgo poligénico y multifactorial | Los genes influyen mucho, pero también intervienen la alimentación y la salud. |
| Color de ojos y piel | Participan múltiples genes | Las reglas simples de “dominante” y “recesivo” no explican todos los casos. |
| Fibrosis quística | Puede depender de variantes en un gen concreto | El riesgo depende de las variantes que porte cada progenitor. |
| Diabetes tipo 2 o hipertensión | Interacción entre genes y ambiente | Una predisposición no garantiza que la enfermedad aparezca. |
Un rasgo poligénico es aquel en el que intervienen muchos genes. Esta es la explicación más realista para la mayoría de los rasgos humanos, aunque resulte menos intuitiva que pensar en un único gen responsable de cada característica.
También conviene separar lo hereditario de lo familiar. Una familia puede compartir hábitos alimentarios, exposición al sol, nivel de actividad física o costumbres de sueño. Que varias personas tengan el mismo problema no demuestra por sí solo que exista una causa genética.
Las excepciones que hacen distinto al padre y a la madre
La regla general es que el ADN nuclear se recibe de ambos progenitores, pero hay dos excepciones especialmente importantes: los cromosomas sexuales y el ADN mitocondrial.
El cromosoma X y el cromosoma Y
En el patrón cromosómico habitual, la madre transmite un cromosoma X a todos sus hijos. El padre transmite un cromosoma X o un cromosoma Y, lo que da lugar normalmente a una combinación XX o XY. Esto explica por qué algunos rasgos ligados al cromosoma Y solo pueden pasar de un padre a sus hijos varones.
Los genes ligados al cromosoma X también siguen reglas particulares. Un hijo varón recibe su único cromosoma X de la madre, mientras que una hija recibe un X de cada progenitor. Algunas enfermedades recesivas ligadas al X pueden afectar con más frecuencia a los varones porque tienen una sola copia de ese cromosoma.
El ADN mitocondrial procede casi siempre de la madre
Las mitocondrias son estructuras celulares que participan en la producción de energía y poseen un pequeño genoma propio. En la herencia humana habitual, todos los hijos reciben el ADN mitocondrial de la madre, pero los varones no lo transmiten a sus descendientes.
Esta vía es distinta de la herencia del ADN nuclear y puede ser relevante cuando se estudian enfermedades mitocondriales. Aun así, no significa que la madre aporte más ADN en conjunto: el ADN mitocondrial representa una fracción muy pequeña frente al genoma nuclear.
Cómo se decide qué variante acaba manifestándose
Recibir una variante genética no siempre produce un rasgo visible. Su efecto depende de si es dominante o recesiva, de la combinación con la otra copia del gen y de la forma en que ese gen funciona en las células.
Dominante no significa mejor ni más frecuente
Una variante dominante puede influir en un rasgo aunque solo esté presente en una de las dos copias del gen. Una variante recesiva suele manifestarse cuando se heredan dos copias alteradas, una de cada progenitor. El término dominante describe el modo de expresión, no indica que la variante sea más beneficiosa, más común o más fuerte.
También existe la herencia codominante, en la que dos variantes se expresan a la vez. El grupo sanguíneo AB es un ejemplo clásico, porque las variantes A y B contribuyen conjuntamente al resultado observable.
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Muchos rasgos no siguen una regla sencilla
En los rasgos poligénicos, cada variante suele aportar una pequeña influencia. La suma de cientos o miles de efectos puede modificar la estatura, el tono de piel, la presión arterial o el riesgo de padecer una enfermedad.
Además, algunos genes pueden mostrar impronta genómica, un mecanismo por el que la actividad de una copia depende de si procede del padre o de la madre. Es una excepción biológica real, pero no permite afirmar que todos los rasgos importantes vengan preferentemente de uno de los dos progenitores.
Lo heredado no es un destino escrito
El fenotipo, es decir, lo que observamos en una persona, surge de la relación entre genes y ambiente. La alimentación, la actividad física, el tabaco, el estrés, las infecciones, la exposición solar y la atención sanitaria pueden cambiar cómo se manifiesta una predisposición genética.
Por eso prefiero hablar de probabilidad y susceptibilidad en lugar de destino. Una variante puede aumentar el riesgo de cáncer, diabetes o enfermedad cardiovascular sin causar necesariamente el problema, especialmente cuando existen medidas preventivas eficaces.
No todo cambio genético procede de los padres. Algunas variantes aparecen de novo durante la formación de los gametos o en las primeras divisiones del embrión. En esos casos, una persona puede presentar una condición genética aunque no exista ningún antecedente familiar conocido.
Esta distinción es importante para interpretar un test de ADN. Un resultado que señala un riesgo elevado no sustituye a una valoración clínica, y un resultado negativo tampoco elimina todos los riesgos posibles, porque las pruebas no analizan necesariamente todas las variantes relevantes.
Qué hacer cuando la historia familiar despierta dudas
Si en una familia se repite una enfermedad, aparece a una edad inusualmente temprana o afecta a varios parientes cercanos, conviene recopilar la información antes de sacar conclusiones. Anotar diagnósticos confirmados, edades de aparición y parentescos ayuda mucho más que describir de forma vaga que “hay muchos casos”.
- Consulta médica: el primer paso puede ser hablar con atención primaria o con el especialista que conozca el problema.
- Asesoramiento genético: permite estimar riesgos según el árbol familiar y decidir si tiene sentido realizar una prueba.
- Prueba clínica: debe elegirse según la sospecha médica, no solo según un informe comercial de ascendencia.
- Interpretación individual: el mismo resultado puede tener implicaciones diferentes según la edad, los antecedentes y el resto de variantes.
La idea esencial es sencilla: heredamos material genético de ambos progenitores, con excepciones concretas como el ADN mitocondrial y ciertas líneas cromosómicas. Ese material influye en nuestros rasgos y en nuestra salud, pero la biología humana no funciona como un guion cerrado: los genes, el desarrollo y el entorno trabajan juntos para formar a cada persona.